jueves, 12 de junio de 2008

Los subterfugios legales enladrillan Cádiz

ESPECULACIÓN URBANÍSTICA : TERRENOS CON ALTO VALOR ECOLÓGICO EN PELIGRO

Daniel Alcalde Güelfo / Diagonal . Cádiz no se libra de la corrupción urbanística en la playa y en la sierra. Amparándose en el decreto sobre campos de golf de la Junta de Andalucía, 70 proyectos de campos de golf conllevarán la construcción de entre 55.000 y 70.000 nuevas viviendas.

La provincia de Cádiz cuenta con una serie de peculiaridades que la convierten en una de las más atractivas para los promotores inmobiliarios. Una amalgama de entornos naturales luchan por mantenerse en una situación crítica : por un lado la multitud de terrenos militarizados y, por otro, el aumento de la presión urbanística debido a la proliferación de campos de golf y urbanizaciones de lujo a pie de playa.

Si bien es cierto que el porcentaje de litoral construido no tiene nada que ver con los niveles alcanzados en ciertas zonas de la costa mediterránea, las áreas de elevado valor ecológico que forman parte de la costa gaditana, como el Parque Natural del Estrecho, el Parque de la Breña o el Parque Natural Bahía de Cádiz no parecen ser de tal importancia para la Consejería a la hora de autorizar edificaciones en los mismos o en terrenos colindantes.

Pese a todo, no es la costa la única que sufre el asedio de los especuladores. Éstos, que con demasiada frecuencia tienen que ver con los Ayuntamientos de las localidades en las que pretenden construir, campan a sus anchas gracias a la legislación, como el nuevo decreto sobre campos de golf elaborado por la Junta de Andalucía, que permite la figura de “Campos de Golf de interés turístico”, rechazada por Ecologistas en Acción al considerarla una argucia, un “subterfugio para convertir unas instalaciones teóricamente deportivas en meras excusas para recalificar terrenos y promocionar desarrollos urbanísticos destinados fundamentalmente al mercado de segundas residencias”.

En la actualidad existen 20 campos de golf en la provincia, de los cuales sólo tres riegan con agua depurada ; además, la mitad incumple la Declaración de Impacto Ambiental. Lo más interesante es que existen unos 70 proyectos para la instalación de nuevos campos, que conllevarán la construcción de entre 55.000 y 70.000 nuevas viviendas. ¿Playa o montaña ? Ninguna de las dos escapa a la vorágine urbanizadora. El caso del Pinar de Hierro, en Chiclana de la Frontera, es especialmente llamativo. La ciudad de Chiclana ha sufrido un brutal crecimiento en los últimos 20 años debido al aumento de las segundas viviendas utilizadas para el veraneo.

No por casualidad, también han crecido los casos de corrupción urbanística, el último de éstos el pasado marzo, cuando nueve personas fueron detenidas por corrupción, falsedad documental y estafa. En el caso del Pinar de Hierro, el propio plan urbanístico permite la construcción de 217 chalets en un hábitat extremadamente diverso que cuenta incluso con especies excepcionales como la macrothele calpeiana, una araña negra endémica que es el único arácnido protegido por la Unión Europea. Lo curioso del caso es que, cuando el promotor decidió roturar ilegalmente el terreno como preparación a la construcción, el propio alcalde de la localidad lo justificó como una medida “para prevenir incendios”. También en la sierra nos encontramos con escándalos urbanísticos. La construcción de un polígono industrial en pleno Parque Natural Sierra de Grazalema, con la incomprensible aprobación de la Consejería de Medio Ambiente pese a estar realizando movimientos de tierras explícitamente prohibidos en el Plan de Ordenación de Recursos Naturales de dicho espacio natural protegido, es la última de las actuaciones ilegales autorizadas por la Administración.

Todo esto no es sino una pequeña muestra de los escándalos urbanísticos en la provincia de Cádiz. La realidad es que, si bien muchas veces la especulación viene amparada por la propia legislación, en otras ocasiones el hábito se impone al sentido común. No son sólo los grandes promotores los culpables de la pérdida de recursos que conlleva la urbanización de terrenos. Cada vez es más visible un aumento de pequeños propietarios que aumentan ilegalmente sus parcelas construyendo sobre terreno con un alto valor agrícola o que cambian las pequeñas huertas que han cultivado tradicionalmente durante años para instalar un garaje, una piscina o una ‘casita de invitados’.

El Bicentenario, otra excusa
El bicentenario de la Constitución Liberal de 1812 ha servido durante años para mantener una nefasta política urbanística en la capital. La cantidad de viviendas vacías de la ciudad, que alcanza el 11% en una localidad que por su peculiar geografía no cuenta con terreno para edificar, sólo se explica si existe un interés especulador detrás, que fuerce, al mantener éstas casas sin habitar, la subida de los precios de los alquileres. Además, la escandalosa cesión de espacios públicos a entes privados ha alcanzado límites insospechados. La concesión de gran parte de una plaza pública a pie de playa a un conocido hostelero de la ciudad para la construcción de un restaurante subvencionado con dinero público que le va a costar 250.000 euros al Ayuntamiento gaditano ha sido el último de los casos de acciones “para explotar el potencial de la ciudad” por parte del Consistorio. Todo para “crear puestos de trabajo y potenciar el turismo”, cueste lo que cueste.

sábado, 7 de junio de 2008

Semana Regional del Medio Ambiente en las ciudades de Tetuán y Tánger. Del 23 al 26 de junio de 2008


La Universidad de Cádiz, El Aula Universitaria del Estrecho y la Universidad Abdelmalik Esaâdi de Tánger-Tetuán han organizado, entre los días 23 y 26 de junio de 2008, la Semana Regional del Medio Ambiente en las ciudades de Tetuán y Tánger. El objetivo de las jornadas es ofrecer a los participantes una perspectiva actual sobre los problemas medioambientales y las trabas ligadas a la conservación de los recursos naturales a los que se ve sometido el entorno del Estrecho de Gibraltar.

Coordinan el curso, por parte de la Universidad de Cádiz, Julio Pérez Serrano, director del Grupo de Estudios de Historia Actual, y Kamal Targuisti, profesor del la Université Abdelmalik Esaâdi .

Las actividades se llevarán a cabo en dos sedes, acogiendo Tánger las dos primeras sesiones y Tetuán las dos últimas. Además se proyectarán audiovisuales relacionados con la gestión de residuos y se organizarán dos salidas de campo para conocer experiencias y problemáticas concretas.



Temáticas:

Impacto Acuicultura y Medioambiente.
Impacto de las Actividades Humanas sobre los Ecosistemas Acuáticos.
Los Residuos Líquidos Urbanos y la Influencia sobre la Calidad de las Aguas de los Efluentes de las Redes Hidrográficas: Caso de los Ríos Mghogha en Tánger y Martil en Tetuán.
Aspectos Geoquímicos del Impacto Ambiental de las Explotaciones Mineras.
La Crisis Ambiental en Perspectiva Histórica.
El Medioambiente y la Salud.
El Medio ambiente en la Agenda Internacional Actual.
El Medioambiente Kárstico en el Parque Natural de Talassemtane (Provincia de Chefchaouen, Rif septentrional, Marruecos).
Los Riesgos Naturales y Geológicos en la Región de Tánger–Tetuán. Estado de Conservación de los Ecosistemas Acuáticos del Parque Nacional de Talassemtane.

Salidas de Campo:

Vista a la estación de vigilancia de la salubridad del litoral y al centro acuícola de piscicultura de Atún rojo en M’diq.
Excursión en los entornos del río Mghogha y visita al experimento de realimentación del acuífero detrítico de Charf El Akab en Tánger.

Pulse en los siguientes enlaces para proceder a la descarga del tríptico y del cartel del evento:

Tríptico

Cartel

Inscripciones:

EXISTEN DOS INSCRIPCIONES: UNA PARA LAS SESIONES DE TÁNGER Y OTRA PARA LAS SESIONES DE TETUÁN. AQUELLAS PERSONAS INTERESADAS EN ASISTIR AL SEMINARIO COMPLETO DEBERÁN INSCRIBIRSE EN AMBAS.

Para acceder al programa completo y a la inscripción en las sesiones de Tánger, pulse en:

http://www.auladelestrecho.es/web/sistema/actividades/actividadesuae/actividades.2007-05-31.2429244670

Para acceder al programa completo y a la inscripción en las sesiones de Tetuán, pulse en:

http://www.auladelestrecho.es/web/sistema/actividades/actividadesuae/copy_of_actividades.2007-05-31.2429244670

IMPORTANTE: El plazo de inscripciones finaliza el 18 de junio.

viernes, 6 de junio de 2008

FAO: más libre comercio, más hambre


por Esther Vivas
extraído de Público.

Ayer terminó la Cumbre de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria de la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura de la ONU) que se celebró estos días en Roma. Las conclusiones del encuentro no indican un cambio de tendencia en las políticas que se han venido aplicando en los últimos años y que han conducido a la situación de crisis actual.

Las declaraciones de buenas intenciones y las promesas de millones de euros para acabar con el hambre en el mundo realizadas por varios gobernantes no van a poner fin a las causas estructurales que han generado esta crisis. Así mismo, las propuestas realizadas por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, de aumentar en un 50% la producción de alimentos y rechazar las limitaciones impuestas a la exportación por parte de algunos países afectados parecen reforzar más las causas de la crisis que conducir hacia salidas reales que garanticen la seguridad alimentaria de la mayoría de las poblaciones en el Sur.

El monopolio de determinadas corporaciones multinacionales de cada uno de los tramos de la cadena de producción de alimentos, desde las semillas pasando por los fertilizantes hasta la comercialización y distribución de lo que comemos, es algo que no se ha tratado en esta cumbre. Sin embargo, y a pesar de la crisis, las principales compañías de semillas, Monsanto, DuPont y Syngenta, han reconocido un aumento creciente de sus ganancias y lo mismo han hecho las principales industrias de fertilizantes químicos. Las mayores empresas procesadoras de alimentos como Nestlé o Unilever también anuncian un alza en sus beneficios, aunque por debajo de las que controlan los primeros tramos de la cadena. Del mismo modo que las grandes distribuidoras de alimentos como Wal-Mart, Tesco o Carrefour afirman seguir aumentando sus ganancias.

Los resultados de la cumbre de la FAO reflejan el consenso alcanzado entre la ONU, el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) para mantener unas políticas económicas y comerciales de dependencia Sur-Norte y de apoyo a las multinacionales de la agroalimentación. Las recomendaciones lanzadas a favor de una mayor apertura de los mercados en el Sur, de subvencionar las importaciones de alimentos a partir de la ayuda al desarrollo y la apuesta por una nueva revolución verde apuntan en esta dirección.

Aquellos que trabajan y cuidan la tierra, en manos de quienes debería de estar nuestra alimentación, los campesinos y las campesinas, fueron excluidos del debate. Cuando representantes de organizaciones campesinas intentaron presentar sus propuestas, coincidiendo con la inauguración oficial de la cumbre, fueron retirados por la fuerza. En reuniones anteriores de alto nivel, se había permitido una mayor participación de los colectivos sociales y en cambio ahora, ante la gravedad de la situación, las puertas se han mantenido cerradas, como ha denunciado la red internacional Vía Campesina.

Acabar con la situación de crisis implica poner fin al modelo de agricultura y de alimentación actual que antepone los intereses económicos de grandes multinacionales a las necesidades alimentarias de millones de personas. Es necesario abordar las causas estructurales: las políticas neoliberales que se han venido aplicando de forma sistemática en los últimos 30 años, promovidas por el BM, el FMI, la Organización Mundial del Comercio (OMC) con Estados Unidos y la Unión Europea al frente. Unas políticas que han significado una liberalización económica a escala global, apertura sin freno de los mercados, privatización de tierras dedicadas al abastecimiento local y su reconversión en monocultivos de exportación… conduciéndonos a la grave situación de inseguridad alimentaria actual. Según el BM se calcula que la cifra de 850 millones de personas que hoy padecen hambre aumentará en los próximos años hasta 950.

La salida a la crisis pasa por regular y controlar el mercado y el comercio internacional; reconstruir las economías nacionales; devolver el control de la producción de alimentos a las familias campesinas y garantizar su acceso libre a la tierra, a las semillas, al agua; sacar la agricultura de los tratados de libre comercio y de la OMC; y poner fin a la especulación con el hambre.

El mercado no puede resolver el problema. Frente a las declaraciones del número dos de la FAO, José María Sumpsi, afirmando que se trata de un problema de oferta y de demanda, debido al aumento del consumo en países emergentes como India, China o Brasil, hay que recordar que nunca antes se había dado una mayor producción de comida en el mundo.

Hoy, se produce tres veces más que en los años sesenta, mientras que la población mundial tan sólo se ha duplicado desde entonces. No hay una crisis de producción de alimentos, sino una imposibilidad para acceder a los mismos por parte de amplias poblaciones que no pueden pagar los precios actuales. La solución no puede ser más libre comercio porque, como se ha demostrado, más libre comercio implica más hambre y menor acceso a los alimentos. No se trata de echar más leña al fuego.

Ilustración de Iker Ayestaran

El tsunami del hambre


por Esther Vivas
publicado en Corriente Alterna
www.espacioalternativo.org


La imposibilidad para acceder a los alimentos ha empujado a la calle, estos últimos meses, a miles de personas en los países del Sur. Manifestaciones, huelgas y protestas se han repetido de punta a punta del planeta. En Bangladesh el precio del arroz se duplicó en el último año, en Haití el coste de los alimentos aumentó más de un 40% y el mismo porcentaje subió en Egipto. Igual dinámica se ha vivido en Costa de Marfil, Bolivia, Indonesia, México, Filipinas, Pakistán, Mozambique, Perú, Yemen, Etiopía... La lista podría continuar.

Estas “revueltas del hambre” nos recuerdan a las que tuvieron lugar entre los años 80 y 90 en los países del Sur contra las políticas de ajuste estructural impuestas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. En este período se contabilizaron más de cincuenta alzamientos que dejaron miles de muertos en África, Asia y América Latina. La causa, una vez más, el aumento de los precios de los alimentos básicos, del transporte, de la vivienda... que agravó las condiciones de vida de la mayoría de las poblaciones de estos países y dificultó aún más su lucha por la supervivencia cotidiana. La historia se repite y las políticas neoliberales siguen dejando a su paso a millones de hambrientos.

Pero el problema hoy no es la falta de alimentos: la producción de cereales a nivel mundial se ha triplicado desde los años sesenta y las reservas siguen estando muy por encima de la demanda. De hecho, la producción agrícola nunca había sido tan abundante. Entonces, ¿cuál es el problema? La dificultad está en la imposibilidad, por parte de los pobres del Sur, de pagar los precios establecidos. Se trata, por lo tanto, de un problema de acceso a los alimentos.

Los cereales básicos son aquellos que han sufrido un aumento más espectacular en el último año: un 70%. Entre éstos destaca el caso del trigo, la soja, los aceites vegetales y el arroz. El coste del trigo, por ejemplo, ha llegado a sumar un 130% más que hace un año y el arroz un 100%. Evidentemente son las capas más pobres de la población de los países del Sur, especialmente aquellos que abandonaron el campo y que hoy pueblan masivamente las ciudades, quienes están sufriendo las graves consecuencias de este aumento sin parangón de los precios de los alimentos básicos.

Una crisis que no es coyuntural sino que es resultado de un sistema agroalimentario privatizado, enfocado al mercado internacional y supeditado al afán de lucro. Varias han sido las razones que han hecho estallar esta crisis alimentaria mundial: el aumento de las importaciones de cereales realizadas por países hasta el momento autosuficientes como India, China o Vietnam; la destrucción de cosechas debido a las sequías y a otros fenómenos meteorológicos en países productores como Bangladesh, China y Australia; el aumento del consumo de carne por parte de nuevas clases medias en América Latina y en Asia con un consiguiente crecimiento de la demanda; la subida del precio del petróleo que ha repercutido directa o indirectamente en una agricultura dependiente del mismo; las nuevas tendencias de producción de “petróleo verde” o agrocombustibles; las crecientes inversiones especulativas en cereales después del crack de los mercados puntocom e inmobiliarios. Todos estos elementos han venido a influir, en menor o mayor medida, en un sistema agroproductivo que antepone los intereses económicos privados a las necesidades alimenticias de las personas. En este frágil equilibro, las leyes del mercado han acabado por desequilibrar la balanza.

Especular con la comida Pero, ¿cómo se han establecido los precios actuales? El precio de las materias primas como la soja, el maíz y el trigo, entre otros, viene determinado por su cotización en las bolsas de valores como la de Chicago, la más importante. Los operadores venden y compran en el “mercado de futuros”, en función de las previsiones de la oferta y la demanda. Se trata, por lo tanto, de operaciones especulativas. En la medida en que otros sectores como el de Internet o el inmobiliario han entrado en crisis, estas inversiones se han derivado a los mercados de cereales. Hoy se calcula que al menos un 55% de la inversión financiera en el sector agrícola responde a intereses especulativos y ésta tiene una vinculación directa con el aumento y la volatilidad de los precios.

Multinacionales como Cargill y Bunge, así como el gobierno de los Estados Unidos, ejercen un fuerte control sobre la producción y la comercialización de estas materias primas, determinando su precio final. Una dinámica recurrente en toda la cadena productiva, siendo las grandes multinacionales quienes monopolizan cada uno de estos tramos las máximas beneficiarias de la crisis actual. Las principales compañías de semillas, Monsanto, DuPont y Syngenta han reconocido un aumento creciente de sus ganancias y lo mismo han hecho las principales industrias de fertilizantes químicos como Mosaic Corporation (propiedad de Cargill) o Potash Corp. Las mayores empresas procesadoras de alimentos como Nestlé o Unilever también anuncian una alza en sus beneficios, aunque por debajo de las que controlan los primeros tramos de la cadena. Del mismo modo que las grandes distribuidoras de alimentos como Wal-Mart, Tesco o Carrefour, los reyes de los supermercados, quienes afirman seguir aumentando sus ganancias.

Inseguridad alimentaria En la medida en que la agricultura se ha mercantilizado, priorizando la producción para la exportación en lugar del abastecimiento local o abandonando sistemas de cultivo tradicionales en aras de una agricultura industrial y “drogodependiente” (con el uso de pesticidas y químicos), nos hemos visto arrojados a una creciente inseguridad alimentaria, donde nuestras necesidades alimenticias han quedado en manos de multinacionales de la agroindustria. Las políticas neoliberales aplicadas sistemáticamente desde los años 70 han contribuido, sin lugar a dudas, a ello.

El caso de Haití es revelador. Hace treinta años, este país producía todo el arroz que necesitaba para alimentar a su población, pero a mediados de los 80, frente a una necesidad de fondos (cuando el dictador haitiano Jean Claude “Baby Doc” Duvalier abandonó el país vaciando sus arcas), se tuvo que endeudar con el Fondo Monetario Internacional. Empezaba aquí una espiral de “dominación” que sumiría al país en la más profunda de las dependencias políticas y económicas respecto a las instituciones financieras internacionales y, en especial, en relación a Estados Unidos.

Para obtener estos préstamos, Haití se vio obligado a aplicar una serie de políticas de ajuste estructural como la liberalización comercial y la reducción de los aranceles que protegían la producción de varios de sus cultivos, entre ellos el arroz. Esta apertura permitió la entrada indiscriminada de arroz subvencionado de Estados Unidos que se vendía muy por debajo del precio al que los agricultores locales podían producirlo. Un hecho que hundió en la más absoluta miseria a los productores locales quienes, ante la imposibilidad de poder competir con este arroz, abandonaron sus campos y su cultivo. Hoy, Haití se ha convertido en uno de los principales importadores de arroz estadounidense.

Pero el caso de Haití es extrapolable a muchos otros países del Sur, donde la aplicación sistemática de las políticas neoliberales a lo largo de estos treinta años ha sumido a sus poblaciones en la pobreza extrema. La liberalización comercial a ultranza a través de las negociaciones en la Organización Mundial del Comercio y los acuerdo de libre comercio, las políticas de ajuste estructural, el pago de la deuda externa, la privatización de los servicios y los bienes públicos han sido algunas de las medidas que ha venido aplicando el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional a lo largo de estas últimas décadas.

Estas políticas han generalizado una creciente privatización de la agricultura y de la alimentación, así como de otros sectores. Una dinámica que, aunque muestra su cara más cruenta en el Sur, también se ha impuesto en los países del Norte con una agricultura altamente deslocalizada e industrial. Frente a las consecuencias de este modelo es indispensable empezar a aplicar ya los principios de la soberanía alimentaria. Las alternativas están encima de la mesa, sólo hace falta voluntad política para aplicarlas y, evidentemente, luchar para conseguir imponerlas.

miércoles, 4 de junio de 2008

¿Pan o coches?

Juan Gelman
publicado originalmente en La Jornada

Argentina, 1988: la inflación galopaba a 100 por segundo y no era infrecuente comprar un producto en algún súper que, al llegar a la caja, en 10 metros, un minuto y dos de espera, había aumentado de precio. Una mujer anunciaba por altavoz la escalada con tonos impiadosos y los clientes apuraban la compra. Parecía la Alemania de 70 años atrás, cuando viajar en un tranvía costaba millones de marcos. El fenómeno sigue presente en todo el mundo: el precio de los alimentos se empina y las explicaciones abundan. Es el aumento del precio del petróleo, afirman algunos. Son los bioenergéticos, opinan otros y abren un debate que se da en varios rincones del planeta.

El presidente W. Bush ha declarado: “Como se sabe, yo soy del etanol” (The Indian Star, 2-5-08). Pero el estado de Iowa, que el año pasado obtuvo una cosecha de cereales cuyas calorías sumadas podían alimentar a todos sus habitantes durante 85 años, no tardará en importarlos: la mayoría del grano obtenido alimenta a los motores que funcionan a etanol. El precio de los alimentos aumenta de Marruecos a Brasil y de Pakistán a Australia y aparece el dilema: ¿nafta para recorrer 1500 kilómetros con el auto o para alimentar un año a una persona? Hamlet dice, siempre dice, “Ser o no ser, ése es el dilema”.

La New Fuels Alliance, un grupo que propugna el uso de los bioenergéticos, señala en un informe que no hay conflicto entre su uso y la producción alimentaria: “La escasez de alimentos del Tercer Mundo –dice– se debe sobre todo a cuestiones políticas y sociales como la pobreza, la corrupción de los gobiernos y una distribución ineficiente. El precio de los cereales tiene poco impacto en la disponibilidad de alimentos del Tercer Mundo. El aumento de esta disponibilidad per cápita ha alcanzado un hito histórico” (klprocess.com). Lástima que así no sea. La disponibilidad mundial de alimentos por persona ha descendido en los últimos años: “La agricultura no cubre las necesidades nutricionales y ahora se le pide que además llene los tanques de los vehículos”, señala el especialista Stan Cox (www.alternet.org, 9-5-08). El Banco Mundial concuerda: un estudio reciente del organismo indica que la mayor parte del aumento de la cosecha mundial de maíz en el período 2004/2007 (cuando su precio subió abruptamente) fue destinada a la elaboración de bioenergéticos en EE.UU.

Jean Ziegler, ex diputado del parlamento suizo y actual Relator Especial para el Derecho a la Alimentación de la ONU, ha documentado los casos de expulsión forzada de pequeños agricultores en Brasil, Argentina y Paraguay, expulsión que los grandes productores de soja alientan y ocasionan (www.righttofood.org). No es difícil prever que habrá más presión sobre los campesinos con cultivos de subsistencia de América del Sur.

El investigador Joachim von Braum asienta en un reciente estudio del Instituto Internacional de Investigaciones de las Políticas de Alimentación que los campesinos pobres de Bolivia, Bangladesh, Zambia y Etiopía sólo venden del 1 al 4 por ciento de los comestibles que se negocian en el mercado interno y a la vez compran del 10 al 22 por ciento de la producción comercializada (www.ifpri.org). El estudio estima que cada aumento del 1 por ciento de los precios suma 16 millones de personas al muy extenso territorio del hambre mundial. Como señala un informe del Worldwatch Institute: “En materia de granos, hay una competición entre los 800 millones de automovilistas y los dos mil millones de los más pobres que tratan simplemente de sobrevivir” (www.earth.po licy.org, 4-1-07).

La llamada globalización de la economía acentuó, en realidad, la globalización de la pobreza y el hambre. Al inefable Henry Kissinger se le ocurrió que las hambrunas podían ser un buen instrumento para el “control de la población”. Dos siglos y medio antes ya lo había propuesto Jonathan Swift en “Una modesta proposición”, sátira feroz sobre las condiciones sociales de su época. Que no han cambiado mucho, apenas si se han agravado.

La FAO, el organismo de la ONU para la agricultura y la alimentación, ha estimado que el precio de los cereales aumentó un 88 por ciento desde marzo del 2007, el del trigo un 181 por ciento en los últimos tres años y el del arroz un 50 por ciento en el trimestre que pasó. En su informe “Perspectivas alimentarias”, que dio a conocer esta semana en Roma, subrayó la proximidad de nuevas hambrunas en los países pobres: “Estamos enfrentando el riesgo de que el número de personas que padecen hambre aumente en muchos millones”, expresó Hafez Ghanem, subdirector general de la FAO (AFP, 22-5-08). Hace años ya, en una pared de Buenos Aires, alguien pintó este consejo: “Combata el hambre y la pobreza. Cómase a un pobre”.

domingo, 1 de junio de 2008

Marx y la naturaleza


por Daniel Tanuro

traducción de Daniel Alcalde Güelfo


Los marxistas revolucionarios han sido lentos a la hora ponerse a trabajar en la cuestión ambiental. Ésta es la razón por la que decidí, hace unos años, leer y releer a Marx y Engels desde el punto de vista de la ciencia ecológica. Creía que Marx y Engels no le habían dado suficiente importancia a la relación entre la humanidad y la naturaleza, no tenían conciencia de los límites naturales – límites en cuanto a recursos, límites al desarrollo humano – y que como mucho, solo habían tenido ‘intuiciones brillantes’ (parafraseando a Daniel Bensaid) acerca de las consecuencias medioambientales del capitalismo.
En ese momento, pensaba, sospecho que como muchos otros, que este ‘hueco’ con respecto a la ecología en los trabajos de Marx y Engels era la principal razón para la subestimación de los retos medioambientales por parte de nuestra corriente política y por la izquierda radical en general. Pensé que debíamos ser modestos y aceptar esta debilidad de nuestro legado teórico, para así poder rectificar nuestro mensaje político, completar nuestro programa y modificar nuestra actividad.


Una increíble debilidad.


A día de hoy todavía pienso que debemos rectificar nuestro mensaje, completar nuestro programa y modificar nuestra actividad. Siguiendo a Michael Lowy, podemos definirnos como ‘ecosocialistas’, por ejemplo, para así poder aclarar que hemos cambiado realmente, que hemos roto con el productivismo y con la concepción no dialéctica del progreso. Pero he llegado a la conclusión de que mi opinión sobre Marx y Engels en relación con el medio ambiente era errónea: lejos de ser un obstáculo, son un recurso. No voy a pretender decir que ambos eran ‘ecologistas prematuros’: sería ridículo, ellos no se entregaron a la conservación de la naturaleza, si no a la emancipación social. Tampoco diría que anticiparon la crisis ambiental global que vivimos hoy en día: no lo hicieron. Pero precisamente eso, el que no lo hicieran, es increíble. De hecho, Marx tenía un claro entendimiento de la contradicción básica entre el carácter potencialmente ilimitado de la acumulación de valor, por un lado, y el carácter limitado de algunos recursos naturales, especialmente el suelo, por el otro. Vio el Capitalismo y la Naturaleza (incluida la naturaleza humana) como antagónicos, pero no exploró las consecuencias de esto para la naturaleza en general (como sí hizo para la fuerza de trabajo humana) y no se dio cuenta que su antagonismo llevaría a la humanidad a un callejón sin salida. Esta falta de anticipación global podría ser vista como una debilidad en su pensamiento, pero la realidad es que el marco conceptual que había elaborado, bien podía haberle llevado a anticipar la crisis ecológica del mismo modo en que le llevó a anticipar otras dimensiones del desarrollo capitalista.
En este debate sobre la apreciación de Marx, coincido ampliamente con John Bellamy Foster. De hecho, existe algo así como una ‘ecología de Marx’. Déjenos tomar la cuestión de los límites, que es obviamente decisiva desde un punto de vista ecológico. Un concepto central en el pensamiento de Marx sobre este tema es ése del ‘metabolismo social’ entre la humanidad y la naturaleza. Marx llegó a este concepto gracias a los trabajos del agroquímico Liebig, quién había encontrado evidencias de que la urbanización había roto el ciclo de nutrientes: material mineral incorporado en la comida, en la ropa, etc, era exportada a las ciudades y finalmente contaminaba los ríos y el mar, en lugar de volver al suelo en forma de nutrientes como había ocurrido en las sociedades precapitalistas. Marx se dio cuenta que el desarrollo de un mercado mundial estaba dándole un gran empujón a este proceso, a través de las exportaciones masivas de productos agrícolas desde los países dominados hacia los países imperialistas. Incluso escribió que el uso de fertilizantes minerales, fertilizantes químicos y la mecanización de la agricultura no proveería una solución estructural al problema, por que el crecimiento en la productividad social del trabajo humano solo podía compensar parcial y temporalmente el descenso de la productividad natural del suelo, dado que la fertilidad natural es un ‘límite, un punto de inicio y una base’. En la visión de Marx, una solución estructural solo podía llegar de una gestión racional del intercambio de materia entre la humanidad y la naturaleza, lo que él llama ‘la regulación del metabolismo social’. Éste mismo concepto fue desarrollado más tarde por el famoso ecólogo norteamericano Barry Commoner en su fascinante obra , ‘The Closing Circle’. La conclusión programática aparece lógicamente: una marcha atrás radical en la separación entre el ‘campo’ y la ‘ciudad’ es una idea clave para una alternativa (eco)socialista. Esta perspectiva es para Marx tan importante como la abolición de la división capitalista del trabajo.


40 años después de Primavera Silenciosa....


Me parece evidente que los escritos de Marx en cuanto al metabolismo social son una anticipación destacable del concepto de desarrollo sostenible, en el sentido real de esta expresión. Barry Commoner reconoce la explicitud de este hecho y cita a Marx en éste tema. Es cierto que algunas otras citas hacen posible desarrollar una interpretación más productivista del Marxismo. Pero, incluso si uno considera que dos interpretaciones son posibles, la cuestión permanece: ¿por que nosotros, Marxistas Revolucionarios, hemos ignorado la interpretación ecologista?, ¿por qué no hemos desarrollado el concepto de Marx de un metabolismo hombre-naturaleza socialmente regulado?,¿por qué le ha llevado a la Cuarta Internacional cuarenta años para adoptar una Resolución sobre ecología tras la aparición de Primavera Silenciosa de Rachel Carson?. Está claro que tal retraso no se puede explicar solamente por una falta de fuerzas. Debe haber profundas raíces, políticas y metodológicas.
¿Qué son éstas raíces?. Ésa es la cuestión. Foster ve éste retraso de los Marxistas, principalmente, como un resultado de la polarización entre las interpretaciones mecanistas y positivistas del Marxismo, por un lado, y el más creativo ‘Marxismo occidental’, por el otro, que como una reacción, rompió con el interés de Marx y Engels en las ciencias naturales. Esta falta de interés en las ciencias naturales es obviamente una parte importante de la explicación, pero, ¿es suficiente?. No creo. En el caso de nuestra corriente, la Cuarta Internacional, desde mi punto de vista, existe otro elemento:
No sacamos todas las conclusiones de nuestro propio análisis de la crisis capitalista como una crisis de civilización sistémica y amplia. Cuando pensamos que la revolución podía triunfar en Europa, al final de los sesenta y principio de los setenta, las exigencias medioambientales aparecían como algo demasiado inmediato, demasiado parcial y secundaria en comparación con las exigencias sociales (con la excepción de la lucha contra la energía nuclear, que apoyamos desde el principio). Más tarde, cuando la relación de fuerzas cambió radicalmente a favor de la clase dominante, lo contrario se convirtió en cierto: la clase trabajadora llevaba a cabo luchas defensivas por exigencias inmediatas, pero al mismo tiempo, la crisis ecológica aparecía más y más como un gran problema global que solo podía ser resuelto (desde nuestro punto de vista) a través de una transformación global socialista de la sociedad a una escala mundial. En ambos casos, una concepción demasiado estrecha de la lucha de clases y un entendimiento dialéctico unilateral inadecuado de cómo crear conciencia de la misma, nos guiaron a una orientación política donde la destrucción capitalista del medio ambiente era vista principalmente como un asunto para la propaganda, no para la acción, no para una lucha de masas, no para exigencias inmediatas y de transición.
Esto nos da más indicaciones sobre los cambios necesarios en nuestro mensaje político, programa y actividad. Como escribió Martha Gimenez, ‘es importante que los Marxistas hagan algo más que dedicarse a la crítica teórica. Deberían estar involucrados en luchas específicas, aprendiendo de sus experiencias y compartiendo lo aprendido con aquellos cuyos puntos de vista puedan ser diferentes pero cuyos objetivos políticos sean cercanos’.


Para merecer la etiqueta de ‘ecosocialistas’:


1.- Deberíamos desterrar la aproximación puramente propagandística a las cuestiones ecológicas, basadas en una simple denuncia del capitalismo. En lugar de eso, deberíamos mejorar nuestro conocimiento de los problemas, no solo en su dimensión social, si no también en la dimensión científica de los mismo (siendo el segundo parcialmente independiente del primero).
2.- Deberíamos ayudar a construir amplias movilizaciones relacionadas con peticiones y exigencias ecológicas y aprender de otros. Desde mi punto de vista, la prioridad absoluta es la creación de un movimiento de masas mundial a favor de soluciones sociales e igualitarias para parar el cambio climático (y adaptarnos a él, puesto que ya está aquí). No obstante, el reto del cambio climático ilustra lo adecuado del concepto de Marx: el capitalismo destruye el clima porque su lógica de acumulación desequilibra el intercambio de materia a través de una masiva saturación del ciclo del carbono.
Desde mi punto de vista, una de nuestras contribuciones a las movilizaciones de masas deberían ser promover los asuntos medioambientales en los movimientos de trabajadores. Para poder llevar a cabo éste objetivo, como Paul Burkket señala en su excelente ‘Marx y la Naturaleza’, es muy importante que la fuerza de trabajo humana sea vista como un recurso natural explotado por el capitalismo, como explota cualquier otro recursos. Esta idea proporciona la base para una confluencia anticapitalista ‘roji-verde’.


Respuestas capitalista y ecosocialista al cambio climático.


Si cambiamos en ese sentido – y lo que se ha hecho en Gran Bretaña es un ejemplo – será muy útil, y no solo para los trabajadores y los pobres del mundo, sino también para el medio ambiente. Aquellos que tienen dudas deberían echarle un vistazo al Stern Reviewt on the Economics of Climate Change [n. del t.: hm-treasury.gov.uk]. Es la primera vez que un equipo de economistas contratados por un gobierno han proporcionado un plan global a largo plazo basado en las pruebas científicas de las temibles amenazas del cambio climático. Algunas organizaciones ecologistas han reaccionado con gran entusiasmo. Pero ¿cuáles son las respuestas de Stern a lo que él mismo califica como ‘el mayor fallo de mercado jamás visto?: Un sistema de comercio de emisiones de carbono que sea pagada por el pueblo. Un impuesto sobre el carbono pagado por el pueblo, mientras a los jefes se les compensa con un recorte en ‘gastos sociales’. Un sistema mundial que comercie con las emisiones de carbono basado en el sistema Europeo de Comercio, que deja, solamente en el sector energético Británico, un beneficio de aproximadamente 800 millones de libras en el primer año. Ningún límite a proyectos de Mecanismos de Desarrollo Limpio (CDM) que permiten a las multinacionales abaratar el precio de las emisiones de carbono sin reducirlas en los países desarrollados. En particular, más plantaciones industriales y antiecológicas de árboles en el Sur, en lugar de reducción de emisiones en el Norte. Libre comercio para productos de bajas emisiones. Más centrales nucleares. Una valorización de la vida humana y de los ecosistemas basada principalmente en su ‘buena voluntad de pagar’. En resumen, la respuesta de Stern al ‘mayor fallo de mercado jamás visto es : más mercado, más crecimiento capitalista, más políticas neoliberales. La eficiencia ecológica de esta estrategia es dudosa. Pero está muy claro que lo que si conseguirá es hacer la lucha contra el cambio climático más impopular entre los trabajadores, campesinos y pobres que, en todo el mundo, serán los que tengan que pagar.
Otra respuesta al cambio climático es necesaria, una respuesta social e igualitaria, con menos mercado y más regulación, menos competición y más colaboración. Esto conlleva iniciativas públicas para aislar nuestras viviendas, transporte público gratuito, transporte público de mercancías por tren en lugar de transporte privado por carretera, una gran lucha contra la privatización del sector energético, despliegue masivo de renovables independientemente de los costes, nacionalización de los recursos energéticos renovables, reforma agraria y cancelación del la deuda externa de los países del Sur, cancelación de actividades innecesarias con un alto consumo de energías como es la producción de armas, etc. Esto conlleva una gran redistribución de la riqueza a nivel mundial. Conlleva una perspectiva ecosocialista.