jueves, 29 de mayo de 2008

Biomasa y Agrocombustibles: veinte tesis.

por Jorge Riechmann
extraído de Espacio Alternativo

Una sociedad basada en energías renovables (incluyendo la energía procedente de biomasa) resultará sostenible sólo con niveles de consumo energético muy inferiores a los que hoy prevalecen en los países industrializados. El intento de mantener los niveles de consumo con mera sustitución de fuentes -introduciendo, por ejemplo, mucho agrocombustible o mucha energía nuclear- lleva al desastre. El actual debate sobre agrocombustibles ilumina aspectos profundos de la doble crisis energética a la que hacemos frente (peak oil por el lado de las fuentes, calentamiento climático por el lado de los sumideros) y actualiza la necesidad de estrategias de autolimitación

1. El debate sobre agrocombustibles y agrocarburantes tiene implicaciones de muy largo alcance. Por una parte, está íntimamente conectado con la crítica del insostenible modelo actual de transporte (y, por ahí, con la crítica de la globalización neoliberal). Por otra parte, las futuras sociedades sostenibles deberán basarse ampliamente en recursos renovables, lo cual quiere decir: energías renovables (en lo que hace a energía) y biomasa (en lo que hace a materiales). Así, en los decenios próximos se incrementará constantemente la competencia por un recurso básico y escaso: el suelo fértil. La producción basada en recursos fósiles y minerales retrocederá en beneficio de la producción basada en biomasa (no sólo alimentos, fibras y agrocombustibles, sino también, por ejemplo, materiales básicos para la química verde), lo cual por una parte introducirá nuevas tensiones en agrosistemas y ecosistemas ya muy tensionados, y por otra parte acrecentará el peso económico y sociológico del agro.

2. Hoy, según la FAO, la biomasa proporciona el 14% de la energía primaria mundial (a los países del Sur, eufemísticamente llamados "en vías de desarrollo", les proporciona aproximadamente un tercio de su energía). Pero el uso de "bioenergía" no es sostenible per se: basta con caer en la cuenta de que los combustibles fósiles, al fin y al cabo, también constituyen una forma de bioenergía (biomasa fosilizada, precisamente). La biomasa es un recurso natural renovable, pero abusar del mismo lo transforma en no renovable. El problema, sobre todo, es de escala: ciclos productivos sostenibles a escala pequeña y local pueden convertirse en insostenibles a gran escala, y en un mundo globalizado.

El debate actual sobre agrocombustibles y agrocarburantes muestra que seguimos teniendo inmensas dificultades para interpretar los problemas ecológicos como problemas esencialmente de escala (sistemas socioeconómicos demasiado grandes en relación con la biosfera que los contiene). ¡Incluso el movimiento ecologista, en este debate, tiene dificultades para situarse a la altura de sus propios valores y conocimientos!

3. El problema de fondo es el sobreconsumo energético
: de ahí la importancia decisiva de la autolimitación (ahorro y conservación de la energía). En particular, intentar mantener los niveles actuales de consumo de carburantes para transporte es insensato, ya provengan los mismos de combustibles fósiles o de biomasa. Como dicen los Sin Tierra de Brasil, "el modelo actual de desperdicio energético y de transporte individual debe ser sustituido por un modelo fundado en el transporte colectivo".

En una perspectiva de sostenibilidad, hemos de promover el uso de recursos renovables a expensas de los no renovables: pero desde la clara conciencia de que la mera sustitución de unos por otros, dentro del marco actual, no supondrá avances significativos. Es menester cambiar ese marco -las pautas actuales de producción y consumo- de forma que se vuelva factible reducir drásticamente el consumo de energía y materiales en el Norte sobredesarrollado -y a escala mundial--, asegurando al mismo tiempo la razonable satisfacción de las necesidades humanas básicas.

4. "Biocombustibles" o "agrocombustibles" son muchas cosas diferentes, y hay que distinguir. No se puede resolver el debate con un "sí a todo" o con un "no a todo". Una cosa es el aprovechamiento de biomasa residual (p. ej. biodiésel a partir de aceites usados) y otra muy distinta el uso de superficies agrarias para cultivos energéticos (p. ej. plantaciones para aceite de palma en zonas tropicales) en un planeta que es un full-world, que ya está lleno o saturado ecológicamente. Por lo que hoy sabemos, en el desarrollo de sus plantaciones Indonesia -orientada al mercado mundial- parece estar haciéndolo muy mal, mientras que Uruguay -con un modelo de desarrollo autocentrado- parece hacerlo bastante bien, etc.

5. Pero, por desgracia, los agrocombustibles y agrocarburantes sostenibles sólo harían una pequeña aportación al actual consumo energético; aportaciones significativas serían sin duda insostenibles. Por tanto, no suponen ninguna panacea para la crisis energética.

De manera general, una sociedad basada en energías renovables (incluyendo la energía procedente de biomasa) resultará sostenible sólo con niveles de consumo energético muy inferiores a los que hoy prevalecen en los países industrializados. El intento de mantener los niveles de consumo con mera sustitución de fuentes -introduciendo, por ejemplo, mucho agrocombustible o mucha energía nuclear- lleva previsiblemente al desastre.

6. Los problemas principales --¡y son muy graves!-- de los agrocombustibles y agrocarburantes importados son la desforestación y destrucción de ecosistemas (presiones en zonas ecosensibles ya muy amenazadas, como las selvas tropicales); los efectos sobre la fertilidad del suelo, la disponibilidad y calidad del agua y la utilización de plaguicidas; los desplazamientos de cultivos (que pueden en peligro la seguridad alimentaria); y la expulsión de poblaciones en amplias zonas del mundo. Y ello ¡sin lograr reducir significativamente el uso de combustibles fósiles, si no cambian las pautas de producción y consumo!

7. Tratemos de avanzar un poco en el "distinguir" (tesis 4).En mi opinión, hay poco que objetar al aprovechamiento de la biomasa residual (p. ej., restos de cosecha, residuos orgánicos de la industria agroalimentaria o lodos de depuradoras)... excepto, para una fracción importante de la misma y para bastantes países del mundo (entre ellos España), que se desaproveche la ocasión de enriquecer los suelos empobrecidos con aportes de materia orgánica. Como la biomasa sólo puede emplearse una vez, en bastantes casos favorecer los agrocombustibles puede significar perjudicar la agricultura ecológica.

8. Tampoco parece objetable la obtención de agrocarburantes como subproducto: biodiésel de aceite de soja, por ejemplo, cuando la soja no es importada masivamente (puesto que todo el contenido proteico de la soja se aprovecha como producto principal); o bioetanol como subproducto de "biorrefinerías" cuya producción principal sean materiales para la química verde. Pero hay que tener claro que de aquí sólo saldrían pequeñas cantidades de agrocarburantes (en comparación con los enormes consumos actuales).

9. Hemos de defender la preferencia de los usos alimentarios de la tierra, y la soberanía alimentaria: "deben encontrarse otras alternativas a los combustibles, pero tengan por seguro que no hay ninguna otra alternativa a la comida" (Lester R. Brown). Incluso analistas más bien conservadores, como los economistas de la Universidad de Minnesota Runge y Senauer, advierten en revistas más bien conservadoras como Foreign Affairs contra la "fiebre" del etanol a partir de cereales. Argumentan que si los planes estadounidenses de producir etanol de maíz siguen adelante, podría haber en 2025 1.200 millones de personas padeciendo hambre y desnutrición: 600 millones más de los que se proyectaban previamente.

10. Tal y como antes se indicó, también debería tener preferencia la biomasa para compost y para biofumigación--en lugares como España, seco país mediterráneo sin grandes excedentes de biomasa-- frente a los biocarburantes.

11. Uso energético e industrial sostenible de la biomasa querría decir: pequeñas plantas eléctricas, plantas de procesamiento y biorrefinerías junto a los campos de cultivo autóctonos. Y no quiere decir: enormes plantas de biocarburantes junto a los puertos de mar, para recibir cereales y semillas desde fuera. Pero lo segundo es lo que se está construyendo en España.

12. El transporte motorizado en la UE se apoya sobre todo en el gasóleo (EEUU es más proclive a la gasolina). En España, por ejemplo, se consumen más de tres litros de gasóleo por cada litro de gasolina. Por eso, el objetivo europeo del 10% de agrocarburantes respecto al consumo total de gasolina y gasóleo para transporte en 2020 (Consejo Europeo de marzo de 2007) significa importación masiva de biodiésel (o de aceites para fabricarlo). Y eso, dada la mayor productividad de la palma aceitera, el menor coste de su explotación y la debilidad de las instituciones para la protección del medio ambiente en los países del Sur, implica casi necesariamente más desforestación en los países tropicales exportadores de agrocombustibles.

13. Por ello, creo que en las condiciones actuales hay que pedir la abolición de los objetivos obligatorios para agrocarburantes en la UE,que no podrán alcanzarse sin fortísimos impactos socioecológicos en los países del Sur. Lo que necesitamos no son objetivos obligatorios para agrocarburantes (ya el 5'75% es demasiado, en las circunstancias actuales), sino objetivos obligatorios de reducción de la movilidad individual motorizada. También deberíamos reivindicar la eliminación de los subsidios para agrocarburantes importados del Sur en la UE.

14.
No podemos obviar el grave problema de los bajos rendimientos energéticos de los biocarburantes (con balances negativos en algunos casos). ¿Vamos a hacernos trampas en el solitario? En cualquier caso, incluso con balances energéticos positivos, su muy escasa cuantía nos indica el punto débil de los biocarburantes, que ya subrayó hace más de dos décadas José Frías: "Dados los elevados consumos energéticos de la agricultura actual procedentes de combustibles fósiles, (...) aun en los casos en que la eficiencia energética sea superior a la unidad se trata simplemente de ‘cambiar' por ejemplo 10 toneladas de petróleo (energía no renovable) por el equivalente de 12 toneladas de petróleo en alcohol obtenido a partir de la biomasa. Así pues, el punto más débil para el desarrollo de la agroenergética lo constituye su dependencia de los combustibles fósiles, por lo que en definitiva el proceso resulta equivalente a un pequeño aumento del rendimiento energético del petróleo."

15. Hoy está meridianamente claro que ni el etanol a partir de cereales, ni el biodiésel a partir de colza, son buenas ideas --sobre todo en nuestro país. En cambio pueden serlo --según y cómo se hagan las cosas, y dentro de un marco general de autolimitación-- el etanol a partir de remolacha (o de caña azucarera, en los trópicos) o el biodiésel a partir de algas.

16. Probablemente vale la pena impulsar la producción de bioetanol celulósico (con rendimientos bastante mejores que el procedente de cereales), pero con las mismas cautelas anteriores: no se puede esperar reemplazar así parcialmente los combustibles fósiles para automoción sin rebajar muy sustancialmente el nivel de movilidad privada. El problema no son los agrocombustibles: el problema son los demasiados automóviles, camiones y aviones. En transporte, como criterio general, estimo que habría que ir hacia el hidrógeno procedente de fuentes renovables (y no tanto hacia los agrocombustibles, si hablamos de Europa).

17. El sobredesarrollo del Norte absorbe los recursos del Sur. Hay ya un exceso de tierras en países del Sur dedicadas a alimentar la cabaña ganadera de los países ricos. Si países europeos como Holanda o España (o incluso Francia, uno de los mayores productores y exportadores mundiales de cereales) pueden permitirse el lujo de exportar cereales y carne, es porque importan grandes cantidades de oleaginosas de países donde hay hambre. A esta "importación de suelo" (y de agua, y de otros recursos naturales) vía piensos para el ganado ¿vamos a añadir ahora la de los biocombustibles? ¿Con el enorme tirón de demanda que proviene del sobredimensionado parque automovilístico de los países ricos?

18. El sobredesarrollo del Norte ocupa excesivo espacio ecológico. Cálculos recientes sobre la apropiación de producción primaria neta de las plantas terrestres por los seres humanos arrojan un valor del 23'8%. ¡Casi la cuarta parte del total! Esto revela la intensidad del dominio humano sobre la biosfera. De ello, el 53% corresponde a cosechas, el 40% a cambios de productividad inducidos por cambios de usos de la tierra, y el 7% a fuegos causados por seres humanos. Los autores del estudio recomiendan mucha prudencia frente a planes ambiciosos para sustituir combustibles fósiles por biomasa, que se traducirían en presiones adicionales masivas sobre los ecosistemas.

El eminente agroecólogo Miguel Ángel Altieri tacha el bioetanol de "imperialismo ecológico". No se puede, a la vez, pedir a Brasil que se convierta en exportador mundial de bioetanol de caña y biodiésel de soja y que conserve los restos de bosque tropical y subtropical que le quedan; ni se puede, a la vez, pedir a Indonesia que inunde los mercados con biodiésel de palma aceitera y que deje de expulsar a los campesinos, y que proteja a los últimos orangutanes.

19. Un uso sostenible de la tierra -ese recurso productivo básico, que es al mismo tiempo un sistema vivo- implica autolimitación. En la práctica eso quiere decir sobre todo, en nuestra vulnerable biosfera y a comienzos del siglo XXI: gestión de la demanda para reducir la movilidad individual motorizada, y para reducir el consumo de carne. Creo que hay que insistir una y otra vez en estas propuestas de autocontención: no podremos liberar tierra suficiente para los nuevos usos (y para acoger a la población humana aún infraconsumidora, y la aún por venir) sin (a) empujar nuestros sistemas de transporte hacia las formas de transporte colectivo por tierra y mar (mucho más eficientes que el transporte individual y el transporte aéreo), así como hacia el transporte no motorizado (pedalear y caminar más); y (b) empujar nuestras dietas hacia los primeros escalones de la pirámide alimentaria (o la cadena trófica), vale decir, consumir muchos más vegetales y mucha menos carne y pescado.

20. Por desgracia, la mayoría de la sociedad sigue abrigando la nefasta ilusión de que milagrosos avances técnicos evitarán que tengamos que cambiar los dispendiosos "estilos de vida" basados en el sobreconsumo de energía y materiales. La apuesta de la UE y EE.UU. por los agrocombustibles refleja esa ilusión. Pero la realidad a la que hemos de hacer frente es considerablemente más dura. No hay soluciones mágicas (eso que los anglosajosnes llaman a silver bullet, una bala de plata): las ilusiones tecnolátricas contribuyen sólo al desplazamiento de los problemas, pero no a hacer frente a la crisis.


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